domingo, 5 de abril de 2015

jueves, 25 de septiembre de 2014

Aventura

En una noche de amargura 
me llenaste de ternura 
que entusiasta  tan chispeante
fue de esta aventura.
No fue callada ni oscura
vivir esta locura.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Memorias de mi infancia


Llevo en mi memoria  la alegría de mi infancia,
llevo en mi  memoria los recuerdos de inocencia
como si hubiera sido ayer, te recuerdo;
aquellos juegos de escondite y corridas,
aquellos intercambios de muñecas y casitas
que nos dábamos entre amiguitos,
aquellas juegos de la  comidita
cuando las piedras pequeñas eran las papas,
y las hojas de las plantas eran las verduras,
y con un poco de agua ya estaba lista una sopa de verduras,
cuando la tierra era nuestra harina,
cuando los desechos de ladrillo pintaba de rojo el agua
para  nuestra comida, y salíamos diciendo
ya esta listo el menú del día.
Como si hubiera sido ayer, te recuerdo;
sobre todo en vacaciones de verano,
cuando por las tardes
nos juntábamos entre los niños del barrio
para buscar y juntar latas de leche
para jugar al tradicional juego del "Kiwi",
en la que siempre queríamos ser primeros en tirar la pelota
y derrumbar las latas para salir corriendo, 
o a la  "Gallina Ciega", o al "Escondite" hasta horas en que el sol
ya se ocultaba y todos a su casa.
Me entusiasma recordarte ¡Oh! mi dulce infancia
porque  me diste lo que quise disfrutar de mi niñez,
no fuiste tan triste como lo pensé,
con ciertas dificultades pero te disfrute
si pude jugar a saltar y correr
con ciertas dificultades pero te viví,
supere los dolores y cicatrices que en mi dejaste
marcadas están y recordarte a veces  me hace triste.
Te llevo en mi memoria ¡Oh! mi dulce infancia
porque recordarte me hace sentir de nuevo niña,
recordarte me hace llorar entre risas,
recordarte me traslada a ese mundo mágico
en que solo los niños viven.
Que  hermosos  tiempos para ser chicos.














jueves, 21 de agosto de 2014

Amor prohibido

No fue un amor perdido
fue un amor prohibido
y yo no lo había comprendido

Mi corazón acongojado

siente aun pasión
de que tu amor y el mio 
sean un solo latido
y no algo fingido

Todavía sueño dormido

de querer amor contigo
Todavía siento tu abrigo
de querer estar conmigo.

Despierto y miro 

ya no estas aquí conmigo
de que todo esta perdido
tu con tu mujer y yo con mi marido.

martes, 5 de agosto de 2014

Los años vividos de la abuela

Si mas no recuerdo yo tenia casi doce años, la conocí  en un comedor popular del barrio en la cual mi madre era socia y participaba en los  trabajos de cocina, yo asistía al comedor  de vez en cuando, allí estaba ella sirviendo el almuerzo para las personas  con su moño amarrado en lo alto de la cabeza que se dejaba ver y caer las  canas delante de su rostro, era de  piel morena algo arrugada por los años, y los muchos años que vivió hasta el día de hoy en que partió. Ella era una mujer enojona de carácter fuerte y sacaba las garras cuando algo no le gustaba, algunas veces su trato con los demás no resultaba agradable puesto que tenia una voz delgada pero fuerte como si diese una orden. Todos le decían abuelita o abuela Encarnasión, así se llamaba Encarnasion con "S", odiada por unos y amada por otros, hasta los perros callejeros la seguían, cada tarde particular  en la que bajaba del carro cerca a la esquina de mi casa, llegaba  con una bolsa en mano que de inmediato el olor a carne fresca atraía a  los perros y hacia que en tan solo segundos la rondaran, era justo lo que ella traía para ellos, su comida, eran huesos con pedazos de carne que recogía de los restaurantes, alimentando a cada  cachorro que se le acercaba, pues  fue también la abuela de los perros, la que salia con una escoba o con un balde con agua para separarlos cuando los veía pelearse y la que adoptaba a cachorros abandonados. La abuela también resultaba ser algo  "metiche", como decía mi madre metía su cucharon donde no debía, pero todo terminaba en paz cuando lo hacia, algunas veces era para defender lo que no estaba bien, otras veces era para defender precisamente a una mujer de su marido y gritarle sus verdades, discutiendo con los vecinos o señoras del comedor, así era ella, una mujer  de carácter fuerte que supo defenderse sola los años en que la conocí. No se si fue uno o dos hijos varones a los que ella tuvo que enterrar con tanto dolor si ni siquiera imaginarlo, pensé seria todo lo contrario, pero así fue y paso, murió su hijo, tuvo un accidente, ayudo a criar a las hijas de su hija , sus nietas,  y hasta en algo también aporto con sus bisnietos, pues tuvo la dicha de verlos crecer y convertirse en jóvenes. Tantos años vivió la abuela como para contar todo el recorrido que hizo por la vida, el terremoto de los años 70, el terrorismo de los años 80, que en aquel entonces por las noches circulaban hombres tapados  por las calles del barrio,  por los pasajes de la zona y nadie salia por temor, recuerdo entonces que pusieron a vigilar todo el asentamiento poniendo a unos soldados del ejercito en la que la gente los llamaba "los cachaquitos" para prevenir alguna desgracia.
Así transcurrieron los años para la abuela entre risas y discusiones, pero siempre estaba ahí reunida con las socias del comedor, ayudando en los quehaceres de la cocina, en las reuniones sociales, en las asambleas, en los trabajos comunales presente primero que nadie para enterarse de lo que pasaba. Recuerdo también que entre los años 90 solían haber esos que ahora los llaman "pandilleros", formada por los hijos de los vecinos, que se peleaban por las noches y cuando llegaba la mañana los veía en las esquinas parados, y no faltaba cuando los veía la abuela, ella les gritaba duro, los botaba de las esquinas y les decía: "Vayan a trabajar vagos de mierda, su madre sacándose el ancho y ustedes aquí parados, cochinos no merecen una madre", y que mas no les decía porque la abuela tenia una labia muy buena, y se acordaran estos jóvenes de hoy que ahora ya tienen familia y todos han cambiado. Sera la  recordada abuela, que a pesar de su carácter quiso a muchos, y a una de ellas a la que apreciaba era a mi madre, también llego a quererla y en los cumpleaños siempre se reunían con pequeños detalles la pasaban de alegría junto a sus demás amigas,  una vez acompañe a mi madre a casa de la abuela, era su cumpleaños, ahí escuche  música de antaño, sus vals criollos, festejos, música negra como a ella le gustaba y con su botella ancha y pesada de cañazo que ella misma  preparaba, era tan fuerte que con dos copitas ya veía a las demás mareadas, como olvidar era la primera vez que probaba ese fermentado que cuando me invitaron apenas toco mi lengua el liquido del vaso y ya sentía un ardor y calor en el estomago subido de inmediato por todo mi cuerpo.  Transcurrían los años y todo iba cambiando; la gente, el ambiente, hasta el mismo barrio ya mostraba otra cara, y otra gente ya administraba el comedor, pues con el retiro de mi madre todo cambio. La abuela con sus años demás, se  mantenía fuerte, con el mismo carácter pero ya con el cuerpo  mas envejecido y unas manos resecadas por los años, ahí seguía  en el comedor dando con su cuerpo a pesar de que se le decía que se retire a su casa, pero ella era tan terca que a nadie obedecía  y se quedaba hasta el ultimo. Los últimos tres años fueron de dolor y sufrimiento para la abuela, ya alejada de todos se encerró en una depresión, estaba tan sola que decía que ya ni la familia la quería, ni en el comedor, casi siempre se quejaba que no tenia para comer y que los huesos de la rodilla le dolían. Andaba vendiendo rifas a los vecinos, pidiendo una colaboración, en los días de sorteo nunca asistí pero pude colaborar y darle lo que estuvo a mi alcance, comida, alimentos y hasta una  propina.  Llegaba la noche y me preguntaba que si seria cierto lo que ella me contaba, tal vez algunas cosas fueron ciertas, en fin todo da vueltas en esta vida y se paga en la tierra. Bien dicen " No hagas lo que no quieres que hagan contigo", y así fue paso el ultimo  año de  su  vida  encerrada en  casa porque ya  la memoria a veces le fallaba, su caminada lenta y la fragilidad  de su  cuerpo y huesos dificultaba que la familia la sacara a la calle y solo por las tardes se sentaba en la puerta de su casa divisando, observando a la gente pasar con esa mirada  apagada y el rostro de tristeza. La note cuando  aun caminaba sujetada de un bastón que la ayudaba a agilizar sus pasos lentos,  paseaba por las calles de Juan Pablo y las casualidades se dieron muchas veces pues casi siempre me encontraba en casa, algunas saliendo a la calle y otras cuando cruzaba la avenida, allí estaba ella con el rostro cabizbajo. La ultima vez que la vi todavía me recordaba y me decía enviarle  saludos a mi madre y que la extrañaba. Hice  presente todos los saludos que me envió para mi madre, ella igual de su parte le enviaba saludos. Fueron tantos años en que vivió la abuela  hasta que partió una mañana cálida, se dice que fue muerte natural por los años tal vez, pues este año cumplía 92 años.Llegar a esa edad yo si quisiera para contar lo vivido. La abuela era muy conocida por ello fue tanta gente a visitar su féretro, sus hijos, nietos y bisnietos todos presentes en el velorio, algunos llorosos, y yo algo alejada de la gente solo la recordaba los tantos años que vivió y recorrió. La pasearon por las calles del barrio, por donde solía pasar con frecuencia y ya en el atardecer del Lunes fue llevada al cementerio  para luego pasar por el crematorio en la que fue cremada por dos horas para luego entregar sus cenizas a su hija en una caja de madera, así  lo pidió  porque decía que después de muerta nadie iría a visitar  su tumba, y así fue su voluntad ella regreso a casa a descansar junto a las cenizas de su hijo.