Si mas no recuerdo yo tenia casi doce años, la conocí en un comedor popular del barrio en la cual mi madre era socia y participaba en los trabajos de cocina, yo asistía al comedor de vez en cuando, allí estaba ella sirviendo el almuerzo para las personas con su moño amarrado en lo alto de la cabeza que se dejaba ver y caer las canas delante de su rostro, era de piel morena algo arrugada por los años, y los muchos años que vivió hasta el día de hoy en que partió. Ella era una mujer enojona de carácter fuerte y sacaba las garras cuando algo no le gustaba, algunas veces su trato con los demás no resultaba agradable puesto que tenia una voz delgada pero fuerte como si diese una orden. Todos le decían abuelita o abuela Encarnasión, así se llamaba Encarnasion con "S", odiada por unos y amada por otros, hasta los perros callejeros la seguían, cada tarde particular en la que bajaba del carro cerca a la esquina de mi casa, llegaba con una bolsa en mano que de inmediato el olor a carne fresca atraía a los perros y hacia que en tan solo segundos la rondaran, era justo lo que ella traía para ellos, su comida, eran huesos con pedazos de carne que recogía de los restaurantes, alimentando a cada cachorro que se le acercaba, pues fue también la abuela de los perros, la que salia con una escoba o con un balde con agua para separarlos cuando los veía pelearse y la que adoptaba a cachorros abandonados. La abuela también resultaba ser algo "metiche", como decía mi madre metía su cucharon donde no debía, pero todo terminaba en paz cuando lo hacia, algunas veces era para defender lo que no estaba bien, otras veces era para defender precisamente a una mujer de su marido y gritarle sus verdades, discutiendo con los vecinos o señoras del comedor, así era ella, una mujer de carácter fuerte que supo defenderse sola los años en que la conocí. No se si fue uno o dos hijos varones a los que ella tuvo que enterrar con tanto dolor si ni siquiera imaginarlo, pensé seria todo lo contrario, pero así fue y paso, murió su hijo, tuvo un accidente, ayudo a criar a las hijas de su hija , sus nietas, y hasta en algo también aporto con sus bisnietos, pues tuvo la dicha de verlos crecer y convertirse en jóvenes. Tantos años vivió la abuela como para contar todo el recorrido que hizo por la vida, el terremoto de los años 70, el terrorismo de los años 80, que en aquel entonces por las noches circulaban hombres tapados por las calles del barrio, por los pasajes de la zona y nadie salia por temor, recuerdo entonces que pusieron a vigilar todo el asentamiento poniendo a unos soldados del ejercito en la que la gente los llamaba "los cachaquitos" para prevenir alguna desgracia.
Así transcurrieron los años para la abuela entre risas y discusiones, pero siempre estaba ahí reunida con las socias del comedor, ayudando en los quehaceres de la cocina, en las reuniones sociales, en las asambleas, en los trabajos comunales presente primero que nadie para enterarse de lo que pasaba. Recuerdo también que entre los años 90 solían haber esos que ahora los llaman "pandilleros", formada por los hijos de los vecinos, que se peleaban por las noches y cuando llegaba la mañana los veía en las esquinas parados, y no faltaba cuando los veía la abuela, ella les gritaba duro, los botaba de las esquinas y les decía: "Vayan a trabajar vagos de mierda, su madre sacándose el ancho y ustedes aquí parados, cochinos no merecen una madre", y que mas no les decía porque la abuela tenia una labia muy buena, y se acordaran estos jóvenes de hoy que ahora ya tienen familia y todos han cambiado. Sera la recordada abuela, que a pesar de su carácter quiso a muchos, y a una de ellas a la que apreciaba era a mi madre, también llego a quererla y en los cumpleaños siempre se reunían con pequeños detalles la pasaban de alegría junto a sus demás amigas, una vez acompañe a mi madre a casa de la abuela, era su cumpleaños, ahí escuche música de antaño, sus vals criollos, festejos, música negra como a ella le gustaba y con su botella ancha y pesada de cañazo que ella misma preparaba, era tan fuerte que con dos copitas ya veía a las demás mareadas, como olvidar era la primera vez que probaba ese fermentado que cuando me invitaron apenas toco mi lengua el liquido del vaso y ya sentía un ardor y calor en el estomago subido de inmediato por todo mi cuerpo. Transcurrían los años y todo iba cambiando; la gente, el ambiente, hasta el mismo barrio ya mostraba otra cara, y otra gente ya administraba el comedor, pues con el retiro de mi madre todo cambio. La abuela con sus años demás, se mantenía fuerte, con el mismo carácter pero ya con el cuerpo mas envejecido y unas manos resecadas por los años, ahí seguía en el comedor dando con su cuerpo a pesar de que se le decía que se retire a su casa, pero ella era tan terca que a nadie obedecía y se quedaba hasta el ultimo. Los últimos tres años fueron de dolor y sufrimiento para la abuela, ya alejada de todos se encerró en una depresión, estaba tan sola que decía que ya ni la familia la quería, ni en el comedor, casi siempre se quejaba que no tenia para comer y que los huesos de la rodilla le dolían. Andaba vendiendo rifas a los vecinos, pidiendo una colaboración, en los días de sorteo nunca asistí pero pude colaborar y darle lo que estuvo a mi alcance, comida, alimentos y hasta una propina. Llegaba la noche y me preguntaba que si seria cierto lo que ella me contaba, tal vez algunas cosas fueron ciertas, en fin todo da vueltas en esta vida y se paga en la tierra. Bien dicen " No hagas lo que no quieres que hagan contigo", y así fue paso el ultimo año de su vida encerrada en casa porque ya la memoria a veces le fallaba, su caminada lenta y la fragilidad de su cuerpo y huesos dificultaba que la familia la sacara a la calle y solo por las tardes se sentaba en la puerta de su casa divisando, observando a la gente pasar con esa mirada apagada y el rostro de tristeza. La note cuando aun caminaba sujetada de un bastón que la ayudaba a agilizar sus pasos lentos, paseaba por las calles de Juan Pablo y las casualidades se dieron muchas veces pues casi siempre me encontraba en casa, algunas saliendo a la calle y otras cuando cruzaba la avenida, allí estaba ella con el rostro cabizbajo. La ultima vez que la vi todavía me recordaba y me decía enviarle saludos a mi madre y que la extrañaba. Hice presente todos los saludos que me envió para mi madre, ella igual de su parte le enviaba saludos. Fueron tantos años en que vivió la abuela hasta que partió una mañana cálida, se dice que fue muerte natural por los años tal vez, pues este año cumplía 92 años.Llegar a esa edad yo si quisiera para contar lo vivido. La abuela era muy conocida por ello fue tanta gente a visitar su féretro, sus hijos, nietos y bisnietos todos presentes en el velorio, algunos llorosos, y yo algo alejada de la gente solo la recordaba los tantos años que vivió y recorrió. La pasearon por las calles del barrio, por donde solía pasar con frecuencia y ya en el atardecer del Lunes fue llevada al cementerio para luego pasar por el crematorio en la que fue cremada por dos horas para luego entregar sus cenizas a su hija en una caja de madera, así lo pidió porque decía que después de muerta nadie iría a visitar su tumba, y así fue su voluntad ella regreso a casa a descansar junto a las cenizas de su hijo.
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